Querámoslo
LA TRIBU
ANTONIO G. BARBEITO
No empecemos a decir que si alguien lo vio en los corrales y no le gustó; que si alguien ha dicho que el pelo que tiene es un pelo de fracaso, no de triunfo, y que si tiene feo el número y el nombre… Y si tardea al salir del chiquero y pasa un mundo hasta que asoma, desganado, las puntas al sol de la plaza; y si cuando sale se queda mirando con cara de tontorrón, espanta moscas con el rabo, berrea y escarba y no derrota en el burladero del 9, que nadie diga nada, que no empiecen, por favor, a silbar, a pedir que lo cambien, a mirar para la baranda de la presidencia, a ver si asoma pañuelo verde. Querámoslo, que más cuenta nos tiene.
Ahora dirán unos que no es de fiar el año que sale a la plaza con la cara mojada, y otros dirán lo contrario, que es bandera de suerte. Ahora dirán algunos que 2014, número a número, da una suma de siete –dos, más uno, más cuatro-, y que siete fueron las plagas de Egipto y siete los bandoleros conocidos como Los Siete Niños de Écija, y que eso es mala señal; mientras, otros dirán que siete es un número extraordinario, el número de la inteligencia, siete días de la semana, “siete caballos caretos, siete mantas jerezanas, siete pensamientos puestos en siete locuras blancas…” Que nadie le ponga un pero, que nadie diga que si esto, que si lo otro, que si es hijo del trece, que llega en muy mal momento, que viene a un territorio en guerra de crisis, que no va a poder con la carga que le espera, que no llegará a la otra orilla, que no hay más que verlo… Querámoslo, mirémosle lo que de bueno tiene o lo que de bueno necesitamos que tenga; convirtamos en bueno cualquier detalle que le veamos, creamos en cualquier asomo que no nos parezca del todo malo, hagamos lo mismo que con los hijos, a los que tapamos defectos y les aireamos cualquier cosita que consideramos virtud. Querámoslo, que es nuestro, ha venido a nuestros brazos y quiere vivir trescientos sesenta y cinco días, que no viene para ser huésped de visita corta y condiós, que viene para quedarse, y necesita que lo queramos. No empecemos a ponerle pegas antes de que eche los primeros pasos, antes de que pida agua, pan; antes de que aprenda a dar, a sonreír, a ayudar. Por el chiquero salieron toros bonitos que se rompieron antes de llegar al peto y abrieron las puertas de la enfermería (y otras puertas peores…), y toros feos,inciertos y apuntando peligro que acabaron ofreciendo las orejas y regalando puerta grande y crónicas gigantescas. Querámoslo. Se llama 2014 y es nuestro.Acaba de llegar. Viene para quedarse. Y, además, no podemos cambiarlo.
ANTONIO G. BARBEITO
No empecemos a decir que si alguien lo vio en los corrales y no le gustó; que si alguien ha dicho que el pelo que tiene es un pelo de fracaso, no de triunfo, y que si tiene feo el número y el nombre… Y si tardea al salir del chiquero y pasa un mundo hasta que asoma, desganado, las puntas al sol de la plaza; y si cuando sale se queda mirando con cara de tontorrón, espanta moscas con el rabo, berrea y escarba y no derrota en el burladero del 9, que nadie diga nada, que no empiecen, por favor, a silbar, a pedir que lo cambien, a mirar para la baranda de la presidencia, a ver si asoma pañuelo verde. Querámoslo, que más cuenta nos tiene.
Ahora dirán unos que no es de fiar el año que sale a la plaza con la cara mojada, y otros dirán lo contrario, que es bandera de suerte. Ahora dirán algunos que 2014, número a número, da una suma de siete –dos, más uno, más cuatro-, y que siete fueron las plagas de Egipto y siete los bandoleros conocidos como Los Siete Niños de Écija, y que eso es mala señal; mientras, otros dirán que siete es un número extraordinario, el número de la inteligencia, siete días de la semana, “siete caballos caretos, siete mantas jerezanas, siete pensamientos puestos en siete locuras blancas…” Que nadie le ponga un pero, que nadie diga que si esto, que si lo otro, que si es hijo del trece, que llega en muy mal momento, que viene a un territorio en guerra de crisis, que no va a poder con la carga que le espera, que no llegará a la otra orilla, que no hay más que verlo… Querámoslo, mirémosle lo que de bueno tiene o lo que de bueno necesitamos que tenga; convirtamos en bueno cualquier detalle que le veamos, creamos en cualquier asomo que no nos parezca del todo malo, hagamos lo mismo que con los hijos, a los que tapamos defectos y les aireamos cualquier cosita que consideramos virtud. Querámoslo, que es nuestro, ha venido a nuestros brazos y quiere vivir trescientos sesenta y cinco días, que no viene para ser huésped de visita corta y condiós, que viene para quedarse, y necesita que lo queramos. No empecemos a ponerle pegas antes de que eche los primeros pasos, antes de que pida agua, pan; antes de que aprenda a dar, a sonreír, a ayudar. Por el chiquero salieron toros bonitos que se rompieron antes de llegar al peto y abrieron las puertas de la enfermería (y otras puertas peores…), y toros feos,inciertos y apuntando peligro que acabaron ofreciendo las orejas y regalando puerta grande y crónicas gigantescas. Querámoslo. Se llama 2014 y es nuestro.Acaba de llegar. Viene para quedarse. Y, además, no podemos cambiarlo.
Con argot taurino, al que también yo soy aficionado, Bbto. nos invita a un ejercicio de esperanza, de negación de la negatividad.
ResponderEliminarEl año, el 14, nos traerá muchas vicisitudes que no estará en nuestras manos cambiar. Pero también habrá muchos otros momentos en que va a depender de nosotros --en el color con que los miremos-- el aceptarlos como buenos o menos malos.
Me uno pues a esa invitación si no al optimismo, sí a no dejarnos llevar por el pesimismo aunque los profetas a sueldo no hagan otra cosa que anunciar calamidades.
Con mi afecto.
Muy buenas Tribu, yo también me sumo al optimismo, a pesar de que el 2013 ha terminado bastante mal para mi familia, ya que mi madre murió en octubre por complicaciones en una operación de corazón tras tres meses en la UCI, con 69 años y donde por cuerto el 25 de diciembre era su cumpleños, .... pero no queda otra que seguir adelante y aferrarse a lo bueno que hay en esta vida, que fuera de esta maldita depresión económica hay cosas que valen mucho la pena. Un abrazo. Javier Liceras
EliminarJavier, siento lo ocurrido. El 2013 no ha sido un año especialmente bueno para mí, pero ha sido mucho peor para personas a las que quiero y aprecio, con pérdidas tan importantes como la de Javier.
ResponderEliminarNunca fui supersticiosa, pero después de este año... creo que el 13 no me gusta nada.
Espero que 2014 quede más buenos recuerdos que malos. FELIZ AÑO.