martes, 23 de abril de 2013

¿Para cuando un río lleno de turistas?



 

    Río                             AGBarbeito               23 abril 2013               La TRIBU



                         Un romántico y nostálgico ataque de Cruz de Mayo llevó a algunas personas a recuperarlas, cuando la feria ya mandaba con su escuadrón de casetas y la gente estaba hecha al ruido de los altavoces de los coches locos, el látigo y no sé cuántos cacharros más, ese horror que se adosa a las ferias locales y que, recién llegado a la incipiente feria, allá por los principios de los setenta, ocasionó que alguien, en algo parecido a una crónica ferial, escribiera:“Atracciones. Coches locos, aunque menos locos que los vecinos que tienen que aguantar la gramola.” La idea de recuperar las Cruces de Mayo fue tan hermosa como fuera de lugar, y si bien la novelería llevó a muchos vecinos al lugar, al año siguiente nadie dio un duro por mantener la recuperación crucera de mayo. A veces nos empeñamos en volver a viejas costumbres, a edificaciones como las de hace dos siglos, en darle a nuestro entorno un aire decadente, quizá porque nuestra memoria se duele y tiende a sublimar el ayer, sin tener en cuenta a cuánto tendría que renunciar hoy, si volviéramos a los viejos tiempos. Esos retratos quedan bien –si se hacen bien- en las artes, pero por muy bonito que quede un búcaro sobre un plato en la esquina del mostrador de un bar, díganme quién lo cambia por un vaso de agua helada del grifo mellizo del de la cerveza. Y, además, quién se atrevería hoy a beber de un búcaro del que beben todos. Y como el búcaro, tantas otras cosas. Si tuviésemos que viajar hoy en los autobuses de línea de hace escasamente treinta años, sin aire acondicionado, íbamos andando a todas partes; y por muy románticos que nos parezcan en las fotos los corrales de vecinos, dígale usted a cualquiera que hubiese vivido en ellos si estaría dispuesto a volver allí y cambiar su piso con cuarto de baño,agua corriente y electrodomésticos, por un retrete comunitario, un pozo comunitario y luz cuando Dios quería, majando a pulso el gazpacho y enfriando el vino en el cubo del pozo.

                        Veo en unas fotografías del ABC dos cruceros atracados en el Muelle de las Delicias, y me acuerdo de los versos de Lope. Las velas blancas del río coronillas verdes son hoy un muelle de hormigón y un bicharraco que mide veintitrés metros de manga y ciento ochenta de largo, y dentro lleva una barriada: trescientos setenta pasajeros y doscientos sesenta y cinco tripulantes. No pondríamos en nuestro salón un cuadro con esos cruceros, y pondríamos uno romántico con las velas blancas y las orillas verdes. Pero el río, que, con permiso de Heráclito, es el mismo, sigue pareciendo bien, hoy como ayer.


lunes, 22 de abril de 2013

Tristeza y vergüenza

Ni muertos      AGBarbeito     22 abril 2013   LA TRIBU


                        Tú no lo podrás entender, nunca, como no lo entiende nadie que tenga la mínima noción de respeto, de sensibilidad, de caridad. Tú no lo puedes entender,porque si, como escribe Antonio Machado, “un golpe de ataúd en tierra / es algo perfectamente serio”, el paso de un entierro, camino de la iglesia o del cementerio, es para ti más serio que la muerte misma, porque heredaste de la gente de tu tribu el respeto que imponía una comitiva fúnebre. Ni una palabra,ni un movimiento que pudiera producir ruido. Pasaba el entierro, con cincuenta personas o con medio pueblo siguiéndolo, y se paraba todo a su paso; el campesino que iba a lo suyo, a lomos de su burra, se destocaba y aun se santiguaba; la mujer que estaba a la puerta de su casa se quitaba de la vista,aunque mirara el paso del gentío tras los visillos de alguna ventana; los niños que jugaban, dejaban de jugar y ninguno decía ni media palabra; a la puerta delos casinos, los hombres, si estaban sentados, se levantaban y, respetuosos, se quitaban el sombrero o se unían a los acompañantes. Hasta los animales, al ver tanto silencio, parecían guardar respeto. Por eso, tú nunca entenderás que ante la muerte de alguien haya personas capaces de perder la compostura, soltar risas, gritar, incluso, como has leído, estorbar el paso de un cadáver que viene dentro de un ataúd en brazos de los suyos, para llevarlo al coche fúnebre.

                        Lo leíste aquí ayer, en una información de Amalia F. Lérida, y te costó creerlo.Lo leíste hasta cuatro veces, porque no entendías, no puedes entender, que haya jóvenes tan golfos, tan desalmados, tan irrespetuosos, tan canallas, como para impedir el paso de unas personas que llevan el cadáver de su padre. Estaban de botellona, pero me da igual. Tú recuerdas que hasta los borrachos, si coincidía su borrachera con un entierro, sabían comportarse. Lo que no puedes entender es que entre una multitud bebida haya tipejos de tan mala calaña como para estorbar el paso de una comitiva fúnebre. Y cuando avisan a la Policía, ésta llega y permite el paso, pero ahí queda todo, porque, todo hay que decirlo, lo políticamente correcto impide otras actuaciones que resolverían de raíz el problema. ¿Qué puede tener dentro un insensato que se mofa de un entierro y aun se lía a patadas con el coche fúnebre que transporta un ataúd con un cadáver? ¿Qué sociedad de libertades es ésta, que permite que los vándalos campen por sus desmanes, incluso rebosantes de chulería, si alguien les llama la atención?Una pobre sociedad que permite que haya gente que no nos deja en paz ni muertos. Qué triste.

    A. García Barbeito

domingo, 21 de abril de 2013

Requiebro en décimas

Belleza          AGBarbeito    21 abril    2013     LATRIBU    


          Y no estaba su nombre en los carteles-¿por qué?, ni su reseña en el programa de mano, ni en la puerta de cuadrillas su paso preparando el paseíllo, ni la vistió de luces un ropero. ¿Por qué nadie avisó, nadie nos dijo que ella vendría para encelar luces? La blusa blanca, qué vela de seda allí por donde el río pide viento suave con un sueño en Bajo Guía…La blusa blanca, qué veleros altos orienta a una bahía donde aguardan mil ojos que se embeben en las velas, como sueñan los diestros de esta tarde que se embeban los toros en sus cites… Y el pelo, pelo negro, suelto, al aire, qué latigazo amaga y no nos suelta, qué primavera oscura le florece en olores de piel y de perfume… La blusa blanca llega hasta el tendido como el pase perfecto que relía miradas, las envuelve, las espanta… Y la falda, que vuela en sus andares como una pleitesía a media pierna. Negra la falda, como si quisiera echarle penitencia de cortinas al teatro total de sus andares, aunque eso no es andar,es escribirle seguidillas al suelo. Y la mirada. Se ha quitado las gafas –¡qué blasfemia de cristales oscuros en sus ojos!- y parece un eclipse el sol de hoy. Mirada indiferente que condena a cadena perpetua cuando mira; mirada que se lleva como quiere a todo el que la mira y se recrea en la absoluta estampa de belleza que ha bajado de nadie sabe dónde, para dejar la tarde contenida en el tercio total de su presencia. ¿Qué importan ya percales, banderillas, puyazos, arrimones, la franela que se moja los bajos y se pone un andamio de espada para el cite? ¿Qué importan ya verónicas, si ella contiene una faena –la más larga,la más completa, la más delicada- si se levanta, coge el abanico y sonríe…? Por Dios, no te sonrías, muchacha -¿de qué edad?- que nos fusilas con ese pelotón uniformado de nácar de azahar recién nacido…

          Ni su nombre en los carteles, 
ni en programa su reseña, 
pero su estampa abrileña 
es de perder los papeles 
y con tinta de claveles 
contar desde donde empieza 
a enloquecer la belleza 
en cuajo de esa mujer, 
y al final, reconocer 
que se sale de la pieza. 
¿Qué importan ya las faenas 
a la altura de la tarde, 
si hay un triunfo que arde 
-al mirarla- por las venas? 
Ni capotes, ni franelas 
pueden competir en vuelo 
con la verónica en celo 
del aire de esa mujer. 
Si se va, el atardecer 
tendrá oscuridad de duelo. 
La corrida, sin historia. 
No por la tarde, por ella, 
que solamente su huella 
nos ocupó la memoria 
y nos mareó en la noria 
que va de su pie a su pelo. 
Ponte, tarde, un negro velo 
y guárdale en el tendido un sitio 
–el más escogido-, a ver si vuelve ese cielo…


 A. García Barbeito

sábado, 20 de abril de 2013

LA TRIBU                      "Sangre"            20-IV-13               

                        Suena por dentro, ríos interiores, calientes ríos que bombean vida. Viene brava en la cara de los toros, y más allá del miedo, en los espadas. Bravura y valentía juegan bazas –as de espadas, un dos del mismo palo- en tapete de oro alcalareño. La sangre se asegura su concurso, cuando la tarde chilla por el cobre. Segura asomará cuando la puya clave en el sitio justo su peonza, y empeñado en el peto, con codicia, el animal repita y se agigante por dentro,donde empuja el buen encaste. Y volverá la sangre cuando lleguen –jugando a bailaor- los rehileteros. Y volverá al final, cuando la espada labre un pozo artesiano en las entrañas. Hacia el desolladero, en el arrastre, el toro dejará su última huella de sangre ya sin curso, casi en cuajo, antes de que en un patio los cuchillos trabajen con oficio y solo dejen algunos charcos secos donde amara esa sed despiadada de las moscas. La sangre está prevista en cada tarde que la bravura sale a segar soles. Y aunque no esté segura, la otra sangre, la que sale a retar, a dejar firmes los pies sobre la arena, convencida de que será posible la victoria con un juego de manos y de telas, también asoma a veces, y es entonces cuando el arte le paga su tributo a este juego de vida donde nunca faltan avisos de mortal derrote.


                        No están los hules por estar, ni afila el bisturí por gusto su cuchilla; ni aguarda por capricho el cloroformo, ni por estar están los cirujanos con las manos dispuestas para el guante; para la mascarilla, la encerrada respiración nasal y de la boca, allí donde el sudor hallará sitio, con entrada de oficio.Sangre, sangre… El rojo que es normal en la muleta, rojo textil de plancha,desmayado; y el rojo de la flor con que se adorna la flamenca la cima del peinado; pero el rojo que sale de una herida que ha causado el acierto de esafaca que no distingue el aire de la carne; ese rojo es el miedo que penetra donde duermen insomnes los arroyos por donde el hombre siente que está vivo,ese rojo es espejo de los fríos aceros del quirófano y la sala donde las manos entran en la herida a buscar lo profundo de lo grave, que a la herida se van igual que entran a buscar un pañuelo en el bolsillo. Está la sangre, sí, está la sangre cuando una mano pega los carteles; y puede estar si el toro ve,descubre, y confunde el engaño con un muslo. Y entonces, los que hablan de tortura no consienten hablar de que es un hombre el que puede quedarse bocarriba,eternamente bajo su epitafio. Mirad la sangre del torero herido: en ella está,sin trampas, la grandeza de esta fiesta mortal, única, enorme.

   A. García Barbeito

viernes, 19 de abril de 2013

Estrenamos casa

Corría el año 2009... ¿o era el 2008? Qué más da. Me he puesto a darle a manivela marcha atrás y no sé cuándo, ni tampoco importa, cuándo descubrí la Tribu.

Sé que era en 'er Abesé de Sevilla' y con la firma amiga de Barbeito no pude menos que asomarme. Escribí alguna entrada, pero como no tenía costumbre pasó el tiempo y tardé en escribir una segunda. No sé si fue esta segunda o la tercera vez la que me enganchó.

Hasta hoy. La Tribu ha ido cambiando de huéspedes, unos entraban, otros salían, pero estaban --estábamos-- los que de una forma más o menos constante nos hicimos fijos. 'Fijos discontínuos', si lo prefieren.

La Tribu también ha ido cambiando. Con la tarea --una entre tantas-- de Barbeito de mantenerla viva. A veces nos ha parecido que dejaba de furular para siempre. 'No digas nunca "nunca jamás".

Desde hoy, voy a colgar cada día aquí su columna del ABC. Si esto marcha, podemos comentar aquí, o bien lo que él diga ese día o lo que buenamente se nos ocurra a cada uno. 

Esta, que sería una Tribu pequeñita, como hija de la otra
No voy a nombrar a nadie. No quiero olvidarme de nadie. Pero a partir de ahora, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide, que rezan los carteles de toros, tendremos un lugar de encuentro. 


Si ustedes así lo quieren. Claro.

Nos vemos. Nos leemos. Nos queremos.