Tú no lo podrás entender, nunca, como no lo entiende nadie que tenga la
mínima noción de respeto, de sensibilidad, de caridad. Tú no lo puedes
entender,porque si, como escribe Antonio Machado, “un golpe de ataúd en
tierra / es algo perfectamente serio”, el paso de un entierro, camino de
la iglesia o del cementerio, es para ti más serio que la muerte misma,
porque heredaste de la gente de tu tribu el respeto que imponía una
comitiva fúnebre. Ni una palabra,ni un movimiento que pudiera producir
ruido. Pasaba el entierro, con cincuenta personas o con medio pueblo
siguiéndolo, y se paraba todo a su paso; el campesino que iba a lo suyo,
a lomos de su burra, se destocaba y aun se santiguaba; la mujer que
estaba a la puerta de su casa se quitaba de la vista,aunque mirara el
paso del gentío tras los visillos de alguna ventana; los niños que
jugaban, dejaban de jugar y ninguno decía ni media palabra; a la puerta
delos casinos, los hombres, si estaban sentados, se levantaban y,
respetuosos, se quitaban el sombrero o se unían a los acompañantes.
Hasta los animales, al ver tanto silencio, parecían guardar respeto. Por
eso, tú nunca entenderás que ante la muerte de alguien haya personas
capaces de perder la compostura, soltar risas, gritar, incluso, como has
leído, estorbar el paso de un cadáver que viene dentro de un ataúd en
brazos de los suyos, para llevarlo al coche fúnebre.
Lo leíste aquí ayer, en una información de Amalia F. Lérida, y te costó
creerlo.Lo leíste hasta cuatro veces, porque no entendías, no puedes
entender, que haya jóvenes tan golfos, tan desalmados, tan
irrespetuosos, tan canallas, como para impedir el paso de unas personas
que llevan el cadáver de su padre. Estaban de botellona, pero me da
igual. Tú recuerdas que hasta los borrachos, si coincidía su borrachera
con un entierro, sabían comportarse. Lo que no puedes entender es que
entre una multitud bebida haya tipejos de tan mala calaña como para
estorbar el paso de una comitiva fúnebre. Y cuando avisan a la Policía,
ésta llega y permite el paso, pero ahí queda todo, porque, todo hay que
decirlo, lo políticamente correcto impide otras actuaciones que
resolverían de raíz el problema. ¿Qué puede tener dentro un insensato
que se mofa de un entierro y aun se lía a patadas con el coche fúnebre
que transporta un ataúd con un cadáver? ¿Qué sociedad de libertades es
ésta, que permite que los vándalos campen por sus desmanes, incluso
rebosantes de chulería, si alguien les llama la atención?Una pobre
sociedad que permite que haya gente que no nos deja en paz ni muertos.
Qué triste.
A. García Barbeito
