sábado, 30 de noviembre de 2013

Indecisión

29 de noviembre de 2013 
LA TRIBU                                 ANTONIO G. BARBEITO                                  

                        Decías que, cuando el tiempo estaba de agua, del humo de una candela de ramón caía un chaparrón. Y cuando no está, no está. La yerba crece con miedo de morir helada en su primer paseo adolescente, y las nubes, cuando pasan, aunque lleven dentro un sonido de agua –cascabel de cristal en el cuello del aire-, no saben qué hacer, si copiar cien veces la palabra lluvia en el folio de la tierra o pasar de largo. O, como tú decías, Cangui, “sonar sobre el tablero de la tierra como los pasos de una torpe aprendiz de danza.” Así andaba el otro día, cuando la vi venir, cuasi sin venir a cuento, sonsacando a un sol que sesteaba en la falda de la sierra.

                        Ayer, cuando la tarde tenía frías las manos y la dama de noche temía que el frío le helara el olor que enloquece los arriates y las tapias por las que asoma, la lluvia estaba escrita en el aire, en el color de las nubes, en el viento que venía de la panza de los osos polares. Pero la lluvia, a la hora en que escribo esto, es una indecisión de escolar que pone empeño en escribir su nombre y no distingue entre mayúsculas y minúsculas, no domina la regla de la be y de la uve, no se atreve a colocar la hache ahí, porque no sabe si será delante, detrás o entre dos vocales… La lluvia que no ha hecho un campamento otoñal por septiembre y octubre, llega a noviembre y difícilmente sabe llegar: o llama sin fuerzas en el aldabón o pega la patada en la puerta y lo trastorna todo. El “cierne-cierne” que decía él, cuando la lluvia llegaba tras pasar los coladores. Como si hubiera pasado por el molino donde dejaba hechos harina los granos, como si la lluvia hubiese caído, en un descuido, a la tolva de las negras aceitunas que sacrificaban las piedras de la almazara… “Esta lluvia no sabe andar”, le oíste una vez a un pastor. Hay lluvias torpes, es cierto; hay lluvias que tardan mucho en aprender la canción de la lluvia, hay lluvias que mueren sin haber sido lluvia como Dios manda, como hay soles sietemesinos que llegan a la noche y no aprenden a calentar el día. Cuando está de llover, el humo de una candela descarga para encharcar la tierra, y cuando no lo está, aunque Dios escriba con rayos, no llueve. La lluvia ahora mataría el frío que se da a la siega en las bocacalles. Pero la lluvia, esta lluvia que amaga, no sabe andar, torpe aprendiz del baile del agua. La lluvia que sabe, que está segura, sale descalza y taconea, mueve sus brazos líquidos como un árbol vivo, como un arrebato de llamas que se disputaran un reino de formas. Pero esta torpe lluvia, torpe incluso para ser aprendiz de rocío…

A. García Barbeito

jueves, 28 de noviembre de 2013

Pueblos

28 de noviembre de 2013 a la(s) 9:47
LA TRIBU                                                 ANTONIO GARCIA BARBEITO

                        Por lo común, hay que ir a buscarlos a la sierra, como si fueran el refugio de un bandolero. Hay que anotar su nombre, porque habrá que preguntar por ellos en cualquier venta, en cualquier casa de campo aislada, a cualquier pastor que vaya por el camino. Hay que anotar su nombre, como si buscáramos, por su nombre botánico, una seta rara o un árbol escaso. Y una vez que anotamos esos nombres, si queremos decirlos, tenemos que volver a leerlos, porque nos cuesta trabajo hacernos a esos sonidos que nunca fueron nuestros en la letanía rural de las comarcas: Igualeja, Pujerra, Cartajima, Parauta…

                        Va yéndose noviembre por los hombros de la sierra donde los azules se hacen grises, o al contrario, que nunca se sabe, en ese capricho de la luz, dónde está lo cierto. Tiene la tierra un sonido de agua escondida que canta en el aire que sube y baja por todo este paisaje de lomos de dromedarios echados. Se le oye a la tierra el pulso al andarla, y es pulso de manantial y de historia. Y de leyenda, que aquí la leyenda cuadra más, por más ciertas que algunas historias sean. Yo no sé si por aquí –cerca de Pujerra- nació Wamba y aquí vinieron a ungirlo como rey. No lo sé, pero qué hermoso es pensarlo, mientras vemos el enorme y quieto oleaje del cobre del castañar. Yo no sé qué es, en verdad, cierto en todos estos sitios, pero cabe una leyenda en la gruta que en Igualeja le abre las puertas al Genal y empieza a enseñarlo a andar como río. Qué hermosura de transparentes aguas –qué cuadro siempre pintándose- que suenan como una historia que nunca dejara de contarse, que se interrumpiera solamente con un contralto de borbotones en el Nacimiento, cuando el temporal llena el vientre de la sierra y el agua no cabe y revientan los veneros, o así lo creen. Castañas, nueces, almendras, pan, agua, aceite… Tienen estos pueblos una despensa en el alma, una despensa que se vuelca, generosa, ofrecida a quienes llegan a vivirlos, a verlos, a admirarlos. Qué paisaje de cobrizas ondulaciones que juega con el sol a un extraño coqueteo de hojas y luces, allí donde el castañar es una diosa vestida con un manto bellamente oxidado… Pueblos de la Serranía de Ronda, silencio y campo, serenas horas de relojes sin manillas por los que el tiempo anda con una indiferencia tal que, si no fuera por las luces, no distinguiría la siesta de la madrugada… Pueblos que alguien empezó a amontonar allí como una nevada y los dejó para que fueran haciéndose carne de la sierra con sangre de hombres. Y de agua. Y de pan. Y de castañas. Hermosos borbotones de vida que hay que ir a buscar sierra adentro…

( Fotografía del autor, A.G.B. Álora. Serranía de Ronda  )


  A. García Barbeito

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Bolsos y globos

27 de noviembre de 2013 

LA TRIBU                                                      ANTONIO GARCIA BARBEITO

                       Como en algunas celebraciones, al final todo se queda en pólvora, en banderitas, en carteles. Un Día de Andalucía, en los primeros años de su celebración, un paisano decía, mientras iba por la cuarta cerveza y había apurado el segundo plato de gambas y el primero de caldereta, “Oye, ¿sabes tú que yo no me creía lo bien que iba a estar esto de Andalucía?” Y se había colocado su banderita andaluza, con lo que él era para esas cosas, y se hubiera puesto lo que le hubiesen dado, porque era feliz celebrando el Día de Andalucía de aquella manera tan cervecera, tan gambera y, sobre todo, tan barata: llevaba dos horas bebiendo y comiendo, escuchando una y otra vez el himno andaluz y, de cuando en cuando, el cante de alguien que subía al escenario, y encima no se debía nada en el mostrador del mediodía del 28 de Febrero. Seguro que aquel paisano, cuando llegó a su casa, le contaría a su familia que eso de la Autonomía era un buen invento, que eso de la Autonomía traía cuenta, porque se trataba de muchas banderitas, un día muy festivo, donde corría la cerveza y volaban los platos de comida, había cante y, aunque apenas si lo oyó, el discurso de dos o tres que él no tenía muy claro quiénes eran. Lo único que él sabía era que la Autonomía era muy partidaria de darle a todo el mundo cerveza y tapas gratis, y de regalarle muchas cosas, que llena llevaba la bolsa que le dieron: una gorra con los colores verde, blanco y verde, como los dos o tres bolígrafos, y un par de libretas, y cuatro o cinco pegatinas, y dos o tres llaveros, y…

                        Eso mismo que el paisano creía del 28-F es, más o menos, lo que algunos creen que es un sindicato: una máquina de regalar propaganda, bolsos, llaveros, gorras,banderas, globos o pitos. Y lo malo no es que lo crean quienes son ajenos al movimiento sindical, lo malo es que eso es lo que creen muchos de los que están dentro: que el sindicato existe para darles gusto a ellos. Setecientos maletines –fabricados en Asia, por encargo del sindicato ugetista, porque ya saben que los asiáticos son los que más respetan los derechos de los trabajadores, ¿o no es así y yo estoy equivocado?- para un congreso en Sevilla,y en Madrid, la “globalización”: miles de euros en globos. Visto lo visto y oído lo oído, uno puede entender lo del maletín, pero lo de los globos… ¿esas son las armas sindicales para defender a los trabajadores, tres mil globos a noventa y dos céntimos el globo? ¡Coño, más barato salen los aerostáticos de González Green! Era para juntar en la misma fiesta al paisano del 28-F y a los del congreso sindical.