Hasta ahora esta era la Tribu de antaño, donde me apetecía traer los artículos de Barbeito que me parecían de gusto de la mayoría de nosotros.
El de hoy, domingo en que se venden más Abecés, Antonio al que muchos seguimos apreciando a pesar de la fea manera con que nos dio portazo, protesta por las neonocheviejas --y perdónenme el palabro-- en que todo consiste en beber hasta la pota, hacer el indio con menos plumas que un pollo de supermercado y el ridículo insensato de los gorritos y los matasuegras.
Nos lo llevan diciendo las teles. Si no bebes champán, si no te atragantas con las uvas y no cumples rituales cada vez más rebuscados, no eres nadie. No estás en la pomada. Eres un bicho.
Como en mi casa prácticamente no celebro estas fiestas, me limito, nops limitamos, si estamos aún levantados a ponernos en una copa algo de sidra espumosa, darnos doce o más besos seguidos y luego unos sorbos deseándonos que el mundo, nuestro pequeño mundo, no vaya a peor en el año que entra.
Eso no quiere decir que olvidemos a la gente que queremos. Nos limitamos a expresar deseos, sin teléfonos, sin más medios que elevar al éter lo que pensamos. O sea, que cada año domine en nuestras casas, en nuestras familias y en nosotros mismos la serenidad y la aceptación.
Son las Nocheviejas que he conocido. Las de matasuegras, tacones altos, faldas cortas y quedarnos hasta los churros. Siempre las disfruté a mi manera, mirando los toros desde la barrera; sin dejarme envolver por tanta parafernalia. No guardo mal recuerdo de ellas.
ResponderEliminarSin embargo ahora, a mis treinta y cuatro, las vivo con máxima discreción, con los míos.
No dejo de hacer balance, este año, con sus luces y sus sombras, no ha sido mal año, sobre todo si lo comparo con el de familiares y amigos muy cercanos.
Mis mejores deseos para el 2014, especialmente a ti, Pedro.