domingo, 21 de abril de 2013

Requiebro en décimas

Belleza          AGBarbeito    21 abril    2013     LATRIBU    


          Y no estaba su nombre en los carteles-¿por qué?, ni su reseña en el programa de mano, ni en la puerta de cuadrillas su paso preparando el paseíllo, ni la vistió de luces un ropero. ¿Por qué nadie avisó, nadie nos dijo que ella vendría para encelar luces? La blusa blanca, qué vela de seda allí por donde el río pide viento suave con un sueño en Bajo Guía…La blusa blanca, qué veleros altos orienta a una bahía donde aguardan mil ojos que se embeben en las velas, como sueñan los diestros de esta tarde que se embeban los toros en sus cites… Y el pelo, pelo negro, suelto, al aire, qué latigazo amaga y no nos suelta, qué primavera oscura le florece en olores de piel y de perfume… La blusa blanca llega hasta el tendido como el pase perfecto que relía miradas, las envuelve, las espanta… Y la falda, que vuela en sus andares como una pleitesía a media pierna. Negra la falda, como si quisiera echarle penitencia de cortinas al teatro total de sus andares, aunque eso no es andar,es escribirle seguidillas al suelo. Y la mirada. Se ha quitado las gafas –¡qué blasfemia de cristales oscuros en sus ojos!- y parece un eclipse el sol de hoy. Mirada indiferente que condena a cadena perpetua cuando mira; mirada que se lleva como quiere a todo el que la mira y se recrea en la absoluta estampa de belleza que ha bajado de nadie sabe dónde, para dejar la tarde contenida en el tercio total de su presencia. ¿Qué importan ya percales, banderillas, puyazos, arrimones, la franela que se moja los bajos y se pone un andamio de espada para el cite? ¿Qué importan ya verónicas, si ella contiene una faena –la más larga,la más completa, la más delicada- si se levanta, coge el abanico y sonríe…? Por Dios, no te sonrías, muchacha -¿de qué edad?- que nos fusilas con ese pelotón uniformado de nácar de azahar recién nacido…

          Ni su nombre en los carteles, 
ni en programa su reseña, 
pero su estampa abrileña 
es de perder los papeles 
y con tinta de claveles 
contar desde donde empieza 
a enloquecer la belleza 
en cuajo de esa mujer, 
y al final, reconocer 
que se sale de la pieza. 
¿Qué importan ya las faenas 
a la altura de la tarde, 
si hay un triunfo que arde 
-al mirarla- por las venas? 
Ni capotes, ni franelas 
pueden competir en vuelo 
con la verónica en celo 
del aire de esa mujer. 
Si se va, el atardecer 
tendrá oscuridad de duelo. 
La corrida, sin historia. 
No por la tarde, por ella, 
que solamente su huella 
nos ocupó la memoria 
y nos mareó en la noria 
que va de su pie a su pelo. 
Ponte, tarde, un negro velo 
y guárdale en el tendido un sitio 
–el más escogido-, a ver si vuelve ese cielo…


 A. García Barbeito

2 comentarios:

  1. Una vez más, un canto a la belleza de una muchacha. Fruta nueva demasiado dura para los pocos dientes que a algunos nos va quedando.

    Pero la vista, si aún perdura, aunque sea con achaques como la de este vuestro amigo Pedro, que firma a veces "casi a bulto", siempre es joven. Es más, los años y la experiencia nos dan el paladar y el saber apreciar donde hay belleza en rama y donde si se prescinde de afeites, queda una vulgaridad sin consecuencias.

    Luego está la belleza del alma. Que también va uno aprendiendo a descubrirla. Y de eso se sabe mucho aquí.

    Barbeito, nuestro guía en esta nueva casa sin él saberlo, vuelve a escribir en décimas, una estrofa que domina como el hablar en prosa. ¡Óle!

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    1. Tu siempre tan pendientes de todos.
      Muchos besos para ti y tu gorrioncito, y para todos los que se asomen por aquí.

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