sábado, 20 de abril de 2013

LA TRIBU                      "Sangre"            20-IV-13               

                        Suena por dentro, ríos interiores, calientes ríos que bombean vida. Viene brava en la cara de los toros, y más allá del miedo, en los espadas. Bravura y valentía juegan bazas –as de espadas, un dos del mismo palo- en tapete de oro alcalareño. La sangre se asegura su concurso, cuando la tarde chilla por el cobre. Segura asomará cuando la puya clave en el sitio justo su peonza, y empeñado en el peto, con codicia, el animal repita y se agigante por dentro,donde empuja el buen encaste. Y volverá la sangre cuando lleguen –jugando a bailaor- los rehileteros. Y volverá al final, cuando la espada labre un pozo artesiano en las entrañas. Hacia el desolladero, en el arrastre, el toro dejará su última huella de sangre ya sin curso, casi en cuajo, antes de que en un patio los cuchillos trabajen con oficio y solo dejen algunos charcos secos donde amara esa sed despiadada de las moscas. La sangre está prevista en cada tarde que la bravura sale a segar soles. Y aunque no esté segura, la otra sangre, la que sale a retar, a dejar firmes los pies sobre la arena, convencida de que será posible la victoria con un juego de manos y de telas, también asoma a veces, y es entonces cuando el arte le paga su tributo a este juego de vida donde nunca faltan avisos de mortal derrote.


                        No están los hules por estar, ni afila el bisturí por gusto su cuchilla; ni aguarda por capricho el cloroformo, ni por estar están los cirujanos con las manos dispuestas para el guante; para la mascarilla, la encerrada respiración nasal y de la boca, allí donde el sudor hallará sitio, con entrada de oficio.Sangre, sangre… El rojo que es normal en la muleta, rojo textil de plancha,desmayado; y el rojo de la flor con que se adorna la flamenca la cima del peinado; pero el rojo que sale de una herida que ha causado el acierto de esafaca que no distingue el aire de la carne; ese rojo es el miedo que penetra donde duermen insomnes los arroyos por donde el hombre siente que está vivo,ese rojo es espejo de los fríos aceros del quirófano y la sala donde las manos entran en la herida a buscar lo profundo de lo grave, que a la herida se van igual que entran a buscar un pañuelo en el bolsillo. Está la sangre, sí, está la sangre cuando una mano pega los carteles; y puede estar si el toro ve,descubre, y confunde el engaño con un muslo. Y entonces, los que hablan de tortura no consienten hablar de que es un hombre el que puede quedarse bocarriba,eternamente bajo su epitafio. Mirad la sangre del torero herido: en ella está,sin trampas, la grandeza de esta fiesta mortal, única, enorme.

   A. García Barbeito

4 comentarios:

  1. Ayer el toro le rompió a el Juli la sangre. Este de ahí arriba es José Tomás, con más aires de carnicero que de... Me pderdonarán sus seguidores.

    ResponderEliminar
  2. Muy buena idea amigo Pedro, gracias por lo cuidado que nos tienes en todos los
    aspectos.
    Un beso a todos
    Mariquilla

    ResponderEliminar
  3. Magnifico el relato,sobrecogedor las comparaciones. Yo no soy capaz de ver una corrida porque mi espiritu se ha achicado y evito todo sobresalto ,todo lo que me angustie,Pero reconozco el arte,el valor y respeto el tema. !Mariquilla,que aire fresco entró por la ventana cuando te has asomado!

    ResponderEliminar